Skip to main content
Internet Archive's 25th Anniversary Logo

Full text of "Horacio Arredondo 1927 Fortificaciones De Montevideo"

See other formats


HORACIO ARREDONDO (hijo) 



3 * 





FORTIFICACIONES 

DE 

MONTEVIDEO 

EL PORTÓN DE SAN PEDRO 


★ 



MONTE VIDEO 


Imp. “El Siglo Ilustrado”, San José, 938 


1927 


989.513 2 
A774f 












HORACIO ARREDONDO (hijo) 


FORTIFICA CIONES 

DE 

MONTEVIDEO 

EL PORTÓN DE SAN PEDRO 



MONTEVIDEO 

Imp. “El Siglo Ilustrado”, San José, 938 
1927 





Cuando en enero de 1926 me hice cargo de la Dirección del Museo 
Municipal de Montevideo, una de las cosas que despertaron mi inte¬ 
rés, fué la reconstrucción en madera que del portón de San Pedro 
había hecho mi antecesor, el distinguido compatriota don Alberto 
Gómez Ruano, verdadera autoridad en lo relacionado con la historia 
de la ciudad e indiscutido maestro en todo lo referente a sus forti¬ 
ficaciones del siglo XVIII y principios del XIX. 

Como es notorio, el portón de San Pedro horadaba la cintura de 
murallas que resguardaba la ciudad hacia la parte Este, cerrándola 
de mar a mar y preservándola de todo contacto con el ejido. 

Había sido construido en mitad de la cortina existente entre las 
baterías Nueva y de San Luis — según lo expresa un plano inédito 
firmado por el brigadier de ingenieros don Bernardo Lecocq, de fecha 
31 de octubre de 1794, que tengo a la vista — en el lugar que 
hoy ocupa la calle 25 de Mayo, casi en la esquina de la actual Bar¬ 
tolomé Mitre, en la cuadra limitada por ésta y Juncal (1) y durante 


(1) La .escarpa de la antigua muralla puede verse aún 'boy en pequeños 
trozos ubicados casi en mitad de la propiedad que ocupa la ferretería de 
Trabueatti — 25 de Mayo y Bartolomé Mitre — y en la esquina Nordeste 
de las mismas calles en el local donde se líbica desde hace más de treinta 
años una pinturería y papelería. 

También puede observarse un largo lienzo de la contraescarpa de la 
muralla en el expresado local de Trabueatti, en sus depósitos, junto al sitio 
que ocupa el desmantelado mirador de Regalía. 

La comprobación de estas afirmaciones, puede hacerse observando esos 








— 4 — 


muellísimos años fué la única puerta de entrada y salida de la ciudad, 
hasta que la intensificación del movimiento urbano determinó la habi¬ 
litación de otro lugar de acceso, al Sud de la Ciudadela, el Portón 
Nuevo, sito, al decir de De-María, (2) a la altura de la calle «an¬ 
ta Teresa. 

Consideré desde el primer momento el trabajo del señor Gómez 
Ruano muy interesante, desde que modificaba completamente la única 
reconstitución hasta entonces intentada del referido lugar, obra del 
pintor nacional Diógenes Héquet, vulgarizada en su cuadro titula¬ 
do “¡Váyanse con sus matreros!” (Fig. 1) elaborado a base del co¬ 
nocido episodio del sitio de 1811 cuando en la noche del 24 de mayo 
Vigodet expulsa de la ciudad a los religiosos del Convento de San 
Francisco por suponerlos en connivencia con las fuerzas patriotas 
sitiadora». , | 

Pero también desde el primer instante llamó poderosamente mi 
atención la forma adintelada que presentaba el portón, al punto que 
en el propio acto de la toma de posesión del cargo con que me habían 
honrado por unanimidad las autoridades de mi ciudad natal, comenté 
el detalle, proponiéndome estudiarlo. (Fig. 2). 

Como a la muerte del señor Gómez Ruano sólo había dejado ter¬ 
minadas dos maquettes (la Ciudadela y el Parque de Ingenieros), 
comenzada una (la del portón que se comenta) y la planta de otras 
dos (las Bóvedas y el Fuerte), me preocupé de enterarme de la forma 
en que las dejó, detalles que hace poco documenté debidamente y 
obran en el archivo del Museo. (3) 


vestigios y 'relacionándolos con los planos “A” y “B r que publico y que 
datan de fines del siglo XVIII, confrontándolos con el que el capitán Juan 
A. Cardeillac levantara en 1847, impreso en 1849 y reimpreso en 1919 por 
el doctor Carlos Travieso como Apéndice a las “Memorias militares del 
general don Ventura Rodríguez”. 

(2) “Tradiciones y Recuerdos. Montevideo Antiguo”. T. I, pág. 21. 
Montevideo, 1887. 

Taubién puede verse actualmente un lienzo de la antigua muralla de la 
ciudad hacia esta parte Sud; en una propiedad de la calle Bartolomé Mi¬ 
tre, donde está establecido un tiro al blanco, frente a la arcada del Museo 
de Historia Natural. 

(3) En el Tomo XII de la Revista Histórica recientemente publicado — 
página 1063 — se hace una reseña de las existencias del Museo Municipal, 
así como de la obra dejada por su fundador, totalmente inexacta. Se trata 
de la reproducción de un artículo de diario publicado en 1924, en el cual 
su ‘autor incurre en errores fundamentales, originados por malas informa- 




Fig. x. - F1 portón de San Pedro, según Diógenes Hequet 








— 5 — 


Recurrí a su colaborador en la obra manual, puesto que el ilus¬ 
trado compatriota no se limitaba a concebir y dibujar sus maquettes, 
sino que también muchas veces ayudaba al señor José Chiappara, hoy 
Oficial del Taller del Museo; y el señor Chiappara me informó ver¬ 
balmente y luego, a mi requerimiento, por escrito, que Gómez Ruano 
dejó las cortinas de murallas, los tambores del portón y la abertura 
del mismo como están actualmente. 

Dado la autoridad del autor en la materia, me dediqué a estudiar 


ciones. Posteriormente, ha tenido oportunidad de visitar en mi compañía 
e) expresado establecimiento, y ha sido el primero en reconocer el error 
padecido. 

Obra en triplicado el inventario de las existencias del Museo levantado el 
22 de enero de 1925 en virtud del cual recibí de manos del Director in- 
terino ingeniero Luis Guillot, el establecimiento referido, en el cual cons¬ 
tan las maquettes realizadas. Pero, como me interesa dejar las cosas en 
su lugar, documentando lo habido, en forma definitiva, pasé al Oficial de 
Taller del Museo don José Chiappara — colaborador de Gómez Ruano 
desde la primera hora en el Museo Pedagógico donde se inició la cons¬ 
trucción de las maquettes — la comunicación siguiente: 

“Deseando conocer el estado en que se encontraban las reconstrucciones 
históricas con que cuenta el Museo al producirse la muerte de mi antecesor 
don Alberto Gómez Ruano, así como los trabajos que se efectuaron después, 
hasta asumir el que suscribe la Dirección, — teniendo en cuenta que ha 
sido usted colaborador en dichas obras, — sírvase hacer un detalle de las 
mismas”; nota qne fué contestada con la siguiente información: 


“Nómina de los trabajos efectuados por' mí en el Táller del Museo Muni¬ 
cipal . después del fallecimiento del señor Alberto Góm,ez Ruano // hasta 
la fecha. 

“Cindadela de Montevideo”. — Construcción del rebellín que forma parte 
de ésta, habiendo tenido necesidad de revisar los planos .para poder cons¬ 
truir, de acuerdo con éstos, las escaleras; faltaban los parapetos, las trone¬ 
ras, el techo y pintarlo. Todos estos trabajos están terminados, no habién¬ 
dome sido posible poder concluir totalmente el modelo por no disponer, el 
salón donde se encuentra, del espacio necesario para ejecutar los trabajos 
que aún faltan hacer. 

“Parque de Ingenieros”. — Este modelo se encontraba recién empezado 
y solamente había hecho el esqueleto. Faltaban todas las puertas, el portón, 
las ventanas, la mayoría de das rejas, el terreno, el aljibe completo, el techo, 
grabar todas las piedras de la vereda, las que rodean el brocal del aljibe y 
la plaza de armas, colocar todas las cadenas a los pilares, hacer molduras 
nuevas, pintura generad de la plaza y base del mismo que hubo que modi¬ 
ficar. Todos estos trabajos fueron hechos y terminado totalmente el modelo. 
“Portón de San Pedro”. — De este modelo había hecho la muralla y la 



el punto lo más concienzudamente posible, y ese estudio no ha hecho 
más que reafirmar en mi espíritu la sospecha de que ha habido error 
de su parte al atribuir forma adintelada al portón. 

El arco adintelado es conocido desde muchos siglos atrás en ar¬ 
quitectura. Muy poco usado por los romanos, en cambio estuvo 
algo en boga durante el período ojival, en cuyos monumentos es 
frecuente verlos por debajo de arcos de descarga, disposición que prue¬ 
ba la escasa confianza que inspiraban por su falta de solidez. 

De ahí el dato por demás sugestivo, pero fácilmente explicable, de 
no verse la forma adintelada en las aberturas grandes de las cons- 


empalizada que debido al mal estado de conservación en que se encontraba, 
por deficiencias en el local, tuve que rehacer por completo. Construí todo 
el grabado dé las piedras en la muralla, el parapeto, el portón con cuatro 
pasadores de bronce y sus correspondientes bisagras también de bronce, toda 
la reconstrucción del terreno y de la base y pintura general, dejándolo con¬ 
cluido por completo. 

“Las Bóvedas”. — De este modelo había hecho solamente el esqueleto con 
e] tablero deformado que también tuve que rehacer. Faltaba grabar todas 
las piedras que forman parte de éste, rehacer eil baluarte, la escalera que 
da al mismo, un trozo de la muralla, hacer el terreno, rebajar la parte que 
da ai mar con ángulos y curvas, hacer puertas, rejas, troneras, molduras, 
toda la base y pintarlo totalmente. Todos estos trabajos están terminados 
y sólo le falta da colocación de los vidrios, pintar éstos y armar definitiva¬ 
mente el modelo. 

“Fuerte de Gobierno”. — El “Fuerte de Gobierno”, que está parte del 
esqueleto empezado, no se ha podio seguir por no encontrarse los planos 
necesarios para su construcción. 

Montevideo, 19 de setiembre de 1927. 

José Chiappara- 


Museo Municipal. 

Montevideo, 28 de setiembre de 1927. 

Interesando al suscrito conocer el autor de la idea de haber dado forma 
adintelada al portón de San Pedro, vuelva a informe del señor Chiappara a 
fin de que se sirva expresar si fué idea propia o del señor Gómez Ruano. 

Arredondo. 

Señor Director: 

La abertura de la muralla fué dibujadla por el señor Gómez Ruano y 
hecha bajo su dirección. 

Montevideo, 29 de setiembre de 1927. 


José Chiappara. 




Fig. 2. - I £1 portón de San Pedro, según Gomes Ruano 



Fig. 3. - Plano y perfil de los tambores del portón de San Pedro. 1783 

















— 7 — 


tracciones militares de la Edad Media, tan numerosas aún en nues¬ 
tros días, conservadas en variadísimas construcciones de todos los 
estilos y pueblos. 

Durante el siglo XVIII y en arquitectura militar, predomina en 
forma abrumadora el arco escarzano, y en muy contadas veces, el de 
medio panto. El adintelado no aparece y eso que lo he buscado afa¬ 
nosamente en la copiosa bibliografía que he consultado. 

Por otra parte, al mismo resultado he llegado hojeando los más re¬ 
putados tratadistas militares de la época en que se construyeron las 
fortificaciones de Montevideo, cuyas obras poseo: Belidor (4), Fer¬ 
nández de Medrano (5), Vauban (6), Puysegur (7), Müller (8), 
Ribeiro Coutinho (9), y en la importante recopilación de opiniones 
de autoridades en materia militar efectuada por la Compagnie des 
Libraires, en Amsterdam, en 1734, titulada “Le parfait ingenieur 
frangais ou la fortification offensive et défensive, contenant la Cons- 
truction, 1 ’Attaque et la Défense des places Régulieres et Irrégulie- 
res, felón les methodes des plus hábiles auteurs de l’Europe, qui ont 
écrit sur cette Science”, también en mi biblioteca. 

A mayor abundamiento, si se hace un somero examen de las gran- 


(4) “Arehitectnre Hvdraulique”. París 1701, dedié a monseigneur le comte 
D’Argeuson, Ministre et Secrétame d’Etat et de la Guerre. 

“La Science des ingenieurs dans la conduite des travaux de fortification et 
d’architecture civile”, dedié au Roi. París 1729. 

“Arehiteeture hiydraulique ou l’art de conduire, d’alever et de menager les 
caux pour les diferens besoins de la vie”. dedié a messieurs de PAcademie 
Royale des Sciences. París 1737. 

“Nouveau cours de mathematique a Pusage de Partillerie et du genie ou 
Pon applique, etc.”, dedié a son Altese Serenisseme Mr. Le Duc du Maine. 
París 1725. 

(5) “L’ingenieur practique ou Parchitecture miilitaire et moderne contenant 
la fortification reguiliere et irreguliere, avec une nouvelle metihode de l’au- 
teur. la fabrique des ramparts, des muraiiles, des quartiers, magazine, etc.”. 
Bruselas 1707 (en la edición dedicada al Príncipe heredero de Baviera). 

(6) “De Pat taque et de la d effen.se des 'places, par monsieur le marechal, 
etc.”, y el tomo II “Traité practique des mines par le méme” et d’un autre 
“De la guerre en general par un officier de distinction” a la Hate 1742 (y 
en la edición diversamente ilustrada dedicada al Príncipe Real de Prusia.’). 

(7) “Art de la guerre par principes et par rigles”. Ouvrage de M. le 
Marechal de Puysegur. Mis un jour par M. le Marqués de Puysegur, son 
fils, Marechal des Ohamps et Armées, dedié au Roi. París, 1749. 

(8) “Tratado de fortificación o arte de construir los edificios militares 
y civiles, etc.”, escrito en inglés por Juan Muliler. Traducido y aumentado 
por Miguel Sánchez Turamas, etc. Barcelona 1769. 

(9) “O capitao de infantaria portuguez com a theorica e pratica das suas 
fungoes exercitadas affim ñas armadas terrestres e navaes, como ñas iracas 
e corte”. 'Lisboa 1751. 



— 8 — 


des aberturas de las fortificaciones de Montevideo, se observa el arco 
escarzano en todas ellas: la gran portada de la Ciudadela que feliz¬ 
mente ha llegado hasta nosotros, la del fuerte San José, y, fuera 
de muros, la de la fortaleza de Santa Teresa tanto en su entrada 
principal como en la poterna de escape o puerta falsa o del Socorro. 
La excepción que algún inexperto pudiera ver en la entrada adin¬ 
telada del castillo de San Miguel, en Rocha, no es tal, pues se trata 
de una simple poterna de metro y medio de luz a lo sumo. 

La misma observación se recoge si se observan las de Buenos Aires 
(portón del Fuerte) y en las del Callao, etc., es decir, construccio¬ 
nes del tipo Vauban más o menos puro, pero de la misma época. (10) 

Considero que la semblanza del portón de San Pedro que nos legó 
Diógenes Héquet es sólo producto de su fantasía. Ni los merlones, 
ni la doble bancada de la calzada, ni los demás detalles que en él 
figuran, incluso el portón en sí, pueden sostenerse como habidos en 
la época colonial y menos después. No hay ningún documento que 
lo pruebe, y, en cambio, muchos que demuestran lo contrario. 

Por tanto, en mi opinión, la obra de Gómez Ruano significa un 
positivo progreso en la reconstitución fidedigna, al introducir el de¬ 
talle de los tambores cuya existencia se ignoraba en absoluto, no men¬ 
cionándolos hasta la fecha ni la bibliografía ni los documentos co¬ 
nocidos. 

Fué en el Archivo de Indias de Sevilla donde Gómez Ruano en¬ 
contró el primer documento que lo puso sobre el rastro de los tam¬ 
bores (Fig. 3). Su título es “Plano y perfil de los tambores que se 
construyeron en las Puertas de Montevideo ”; la fecha: Buenos Aires. 
3 de diciembre de 1783. Firmado: Carlos Cabrer. (11) Como figura 
en la “Relación descriptiva de los mapas, planos, etc., del Virrei- 


(10) Como ingeniero, el mariscal Vauban, construyó en su patria más de 
trescientas plazas fuertes, rodeando, en los diez años que siguieron a la 
paz de Nimega, a Francia, desde Dunkerque basta los Pirineos Orientales, 
de una admirable cintura de fortalezas. 

A principios del siglo XVIII se le consideró el primer ingeniero militar 
de su época, imaginando para el ataque, el empleo de los fuegos cruzados 
de balas huecas, el tiro de rebote, los caballetes de trinchera, las paralelas, 
etc.; descollando en la defensa con su tipo de fortificaciones rasantes, el 
sistema de inundaciones de plazas, etc. 

(11) Copia moderna, acuarela da, existente en el Museo Municipal. F1 
original en el Arcbivo de Indias: Est. 125, Caj. 4. Leg. 4, 



A) Plano de Montevideo: 40 x 30, acuarelado, época colonial Original en el Museo Municipal 















— 9 


uato de Buenos Aires ’, de Torres Lanzas, Gómez Ruano debe haber¬ 
lo rastreado allí. (12) 

Es un documento precioso, pues al dar la planta y el perfil de los 
tambores, suministra los detalles más completos y exactos que puedan 
pedirse al respecto y, no obstante ello, hay claros, pequeños, pero cla¬ 
ros al fin. Veamos. 

En la maquette un nuevo portón de madera cierra los tambores. 
Pero, ¿existía este pequeño portón, o más bien dicho, tranquera? Este 
detalle, quizá minucia para muchos, no se puede probar con documen¬ 
tos como existente. Pueden aducirse argumentos en su defensa así 
como también en su contra: por ejemplo, una garita para el centi¬ 
nela encargado de poner orden entre los aguateros, lecheros y demás 
proveedores que acudían a la ciudad antes de abrirse el portón gran¬ 
de (13); en tal caso, la palizada serviría para aislarlo de los gru¬ 
pos, etC. | ( : t | ;J >v( 

Volviendo a mis investigaciones respecto a la forma adintelada del 
portón, debo decir que existe en la mapoteca del Museo Municipal un 
dibujo inédito de gran interés y positiva valía para la tesis que 
sostengo. Es de fecha 15 de setiembre de 1735. La leyenda dice: 


(12) Número 46 o 151 de la edición de Buenos Aires de 1921 efectuada 
por el doctor Emilio Ravigmani. 

(13) Bajo el sugestivo título “Las llaves del Portón y el Cañonazo”, De- 
María nos ha dejado un precioso cuadrito de las escenas que diariamente 
se desarrollaban junto al portón de San Pedro. Conviene recordarlo: 

Al amanecer, el buque del apostadero designado de antemano, surto en 
el puerto, saludaba con un disparo de cañón las primeras claridades de la 
aurora. A su eco, el Mayor de Plaza salía del Fuerte llevando las llaves 
del portón para abrirlo, pero la apertura limitábase al postigo para dar en¬ 
trada a algún madrugador o negra lavandera u otro visitante que por haber 
llegado tarde el día anterior, había dormido fuera de murallas. 

A la salida del sol, se abría el portón de par en par, dando paso a las 
morenas que con sus tableros de pasteles calientes iban a situarse en la avenida 
a la entrada de la ciudad fuera de muros. Entonces entraban los lecheros a 
caballo con sus botijas de leche gorda, los verduleros con sus árganas ca¬ 
balgando en muías, los repartidores de pan elaborado en las afueras, en lo 
de Morales, del Oficial Real, de Sierra, de La Rosa, de Batlle y alguna otra, 
los chacareros de extramuros y los gauchos que, madrugadores, venían a la 
ciudad con diversos motivos; las carx’etas de carne, carbón y leña, etc., etc. 

A la puesta del sol, ¡ zas!, el cañonazo; y allá iba el Mayor de la Plaza 
con las llaves del Portón para cerrarlo, cerrojo y llave con él, dejando úni¬ 
camente abierta la puertecilla para alguna necesidad extraordinaria, guar¬ 
dada. por supuesto, por el centinela. 

A las 8, el cañonazo de las ocho, y allá va otra vez el Mayor de ¡la 
Plaza con las llaves del postigo a cerrarlo, y, asunto concluido. 



— lO- 


^lano de la vista y elevación de las fortificaciones de la Plaza 
de Sn. Fhpe. de Montevideo que hazen frente a la Campaña y cie¬ 
rran la Glola desde el Rio de la Plata ala ensenada”. 

En el lugar que en la línea fortificada ocupó el portón de San 
Pedro existen dos puertas y la “Explicación” nos informa que se 
trataba de la “Puerta de Sn. Fhelipe, para la entrada; Puerta de 
Sn. Tiago p.® la salida”. 



Como puede observarse (Fig. 4), en estos proyectos de dobles por¬ 
tones que nunca llegaron a construirse, no se programó la for¬ 
ma adintelada, usándose por el contrario el arco escarzano. Por las 
razones que expondré más adelante, creo que se contruyó uno solo de 
estos portones, el que llevó el nombre de San Pedro por dar a la 
calle del mismo nombre, hoy 25 de Mayo. (Ver planos adjuntos de 
la ciudad “A” y “B”). 

El gráfico que comento, desgraciadamente, es un borrador del ori¬ 
ginal cuya existencia se desconoce, puesto que está trabajado a una 
sola tinta y en la “Nota” que figura al pie de la “Explicación” 
dice: “Que todo lo demostrado con amarillo falta que hacer”. Pero 
no puede haber dudas sobre la sola construcción de un portón, puesto 
que figura en forma reiterada e invariable en todos los planos de la 
ciudad o de sus fortificaciones. 

Que se construyó en el sitio a que se refiere el referido Perfil uno 
solo de los portones es indudable, así como también que fué el portón 
de San Pedro, con el andar de los años conocido por el Portón Viejo, 
con que el vulgo lo diferenció del Nuevo ubicado al Sud de la Ciu- 
dadela en mitad de la cortina limitada por el Cubo del Sud. Pero 
lo más interesante del caso es que creo poder afirmar sin temor a 
ser desmentido, que se construyó empleando el arco escarzano y con 
la arquitectura proyectada para los portones de San Felipe y de 
Santiago en 1753 que puede verse en la figura 4. 











— 11 — 


Debido a la gentileza del distinguido coleccionista argentino don 
Alejo González Garaño, poseo una copia fotográfica—quizá la segunda 
—de una acuarela totalmente inédita de la parte ENE de la ciudad, 
tomada en 1704 por Fernando Branvila, uno de los dibujantes de la 
expedición científica de Malaspina que llegó a Montevideo en las fra¬ 
gatas “Descubierta” y “Atrevida” (14). El original de esta pieza 
iconográfica, de inestimable valor para la historia arquitectónica de 
Montevideo, — pues nos muestra con toda claridad el espacio que me¬ 
dia entre la Ciudadela y el Cubo del Norte con las baterías inter¬ 
medias de San Luis y Nueva, — se encuentra en el Depósito Hidrogrᬠ
fico del Ministerio de Marina de España, de donde el señor Gon¬ 
zález Garaño tomó la reproducción fotográfica directamente del ori¬ 
ginal y, al parecer, primera copia. Es, por tanto, una verdadera 
joya, pues documenta el aspecto de un sector montevideano en una 
época de la que sólo se tenían referencias. 

Al fondo emerge de la línea amurallada de Montevideo el Por¬ 
tón de San Pedro con el aspecto arquitectónico que le asigna el per¬ 
fil ya comentado ¡todo un hallazgo!, y, por tanto, constituye el tra¬ 
bajo a la aguada de Branvila un documento más, si no decisivo, por 
lo menos concurrente y poderoso para la mejor cimentación de mis 
observaciones, máxime desde que concuerda con uno de los cuatro 
grabados del conocido álbum de “La Bonita”, en el que puede verse 
el portón de San Pedro con el arco escarzano que preconizo. 

¿Por qué no es decisivo? Porque adolece de alguna deficiencia de 
fácil prueba, que no es del caso puntualizar, desde que nos apartaría 
del tema de esta breve nota; pormenor inexacto que no escapará de 
seguro al examen de los eruditos en el pasado de Montevideo. Cons¬ 
tatada una falla en un documento de prueba, no creo razonable asig¬ 
narle características decisivas, porque puede haber otro y porque, 
al más crédulo, induce a desconfianza. 

Desde luego, hay un detalle que no debe pasar inadvertido en 
el caso: la falta de los tambores del portón que, me consta — por 
haberlo comprobado en planos inéditos de la época que próximamente 


(14) Dos veces, y por largo tiempo, recaló la expedición de Malaspina 
en el puerto de Montevideo. La primera en 1789, del 21 de setiembre al 16 
de noviembre; da segunda en 1794, del 16 de febrero a junio del mismo año. 

(“Diario del Teniente de Navio don Francisco Xavier de Viana, trabajado 
en el viaje de las corbetas de S. M. C. “Descubierta” y “Atrevida” en los 
años de 1789, 1790, 1791, 1792 y 1793”. Derrito de la Victoria. Imprenta 
del Ejército, 1849). 



12 — 


publicaré — existían en 1794, época de la acuarela. Se me ocurre 
que quizá fueron suprimidos intencionalmente por Branvila en el 
deseo de exponer con toda nitidez los detalles arquitectónicos del por¬ 
tón, modestos pero artísticos e importantes en el lienzo de la forti¬ 
ficación de que se trata. Por otra parte, estas pequeñas licencias son 
comunes y permitidas a los artistas aún actuando en las condiciones 
en que pintaba el autor. 

Realizado este ligero trabajo, respetando escrupulosamente las re¬ 
glas de hermenéutica que deben observarse en el caso, no puedo me¬ 
nos que ser severo conmigo mismo en el deseo de evitar en lo posible 
el incurrir en error; pero, es indudable que presento una serie de 
documentos que sin mayor esfuerzo interpretativo concurren espon¬ 
táneamente a un mismo fin: a demostrar el error de Gómez Ruano 
al reproducir como adintelado el portón de San Pedro. 

Hay otro detalle en la maquette que reputo equivocada. Me refiero 
al portón de madera construido por Chiappara, el colaborador de 
Gómez Ruano, y que según me informa es debido a su propia ins¬ 
piración. 

Si bien en él se ha contemplado el postigo citado por De-María 
en sus “Tradiciones y Recuerdos” (15) es lo cierto que no presenta 
detalle constructivo que difiera de los usados hace 40 o 50 años en 
cualquier obra similar de la ciudad, por lo cual me resulta de sos¬ 
pechosa fidelidad. 

No obstante todo lo expuesto, mientras permanezca al frente del 
Museo, las maquettes de Gómez Ruano serán respetadas íntegramente 
y exhibidas en sitio de preferencia, siendo de desear que en un más 
lejano futuro se continúe procediendo de igual modo. 

Obras tan sinceras, tan amorosamente trabajadas, deben conservar¬ 
se, aún comprobados en su ejecución errores de detalle o de mag¬ 
nitud, buscando en este caso salvar en alguna forma el error 
sin tocar los monumentos. Y pensando así, he hecho carne mis ideas: 
de ahí la publicación de estas líneas. 


(15) Oh. cdt., T. II, pág. 83.